lunes 19 de mayo de 2008

Yo también puedo


Normalmente no puedo dormir si es que la televisión no está encendida, programo el apagado automático y me arrullo con las luces y soniditos. Intenté sacarle la vuelta a esta absurda necesidad poniendo la radio pero el resultado fue peor: me quedé dormido con un artefacto eléctrico encendido toda la noche... que daño!!.
¿Cuánto dióxido de carbono se habrá creado aquella noche producto de mi irresponsabilidad?
Ayer por la noche, siguiendo los consejos de mi Estrella, me metí a la cama con un mp3 que Ella me había preparado con mucho cariño. Las canciones de aquel aparatito llegaban gracias a un gentil auspicio de Ricardo Arjona, Alberto plaza, Juan Luis Guerra y más de este tipo de cantantes.

- ¿Por qué me haces escuchar ésta música?.—le pregunto.
- Te hará dormir, ya verás. Además así puedes desenchufar los artefactos del cuarto y evitas la emisión de gases que producen el efecto invernadero.—me dijo.

Ella es genial, piensa en todo, a veces incluso piensa por mí. Sin duda hace mi vida mejor.
Le hago caso, me acurruco a su costado, le doy su besito de buenas noches y enciendo el mp3.
Escucho por largo rato y con mucha atención la letra de las canciones de los cantautores ya mencionados; sin embargo, lejos de darme sueño, despiertan en mí al ser criticón que todos llevamos dentro.
Pienso que sus canciones son demasiado repetitivas, fáciles de adivinar, poco sorpresivas, planas, incluso demasiado cursis. ¿Seré yo cursi también con algunas cosas que escribo?. Espero que no.
Pasaron cerca de cuatro horas y yo seguía escuchando a los marcianos estos. Volteaba a verla y Ella dormía rico, con la boquita media abierta, con sus cabellos largos reposando desinteresados sobre la almohada. Entonces ahí es cuando me ilumino.
Si yo quisiera también podría hacer canciones como Ricardo Arjona, las pasarían en las radios románticas que tienen a locutores que hablan bajito pero con voz gruesa, las señoras me escucharían mientras preparan el almuerzo y las secretarias esperarían ansiosas mi próximo hit.
Salí de la cama, con movimientos lentos para no sacudirla mucho y que Ella no despierte, fui a la sala, tomé una hoja en blanco, como hace tiempo no lo hacía, un lapicero que encontré en un cajón y empecé a escribir una canción de amor muy al estilo de aquellos artistas:

PRIMERA ESTROFA (que sea sentimental pero con algo de humor)
Estoy padeciendo la enfermedad más grave de todas,
la que contagia al mundo y que aun no tiene cura,
que si te llega seguro hará que despejes tus dudas
para no pensar en vano y planear una vida futura.
Puedes ir por el mundo y por varios caminos
pero al final el virus estará en todos los destinos
tratando de atraparte y así derrotarte
Logrando al fin que de su clan seas parte
CORO (Tiene que tener rimas bobas)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
salvenme por favor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
no quiero sentir dolor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
en verdad tengo temor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
lo vivo a todo color (yo solo)
SEGUNDA ESTROFA (pegajosa hasta el hartazgo)
Si el hombre va a la Luna yo te llevaría
para que en otros mundos la vida sonría.
Si faltara alguna cosa tu serás suficiente
Sintiendo la dicha en todo el ambiente.
Solo te pido que me tengas cuidado
pues el virus antes ya me había llegado,
lo dejé ir y lloré muy desconsolado
Y felizmente ahora vuelve a mi lado.
CORO (Tiene que tener las mismas rimas bobas)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
salvenme por favor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
no quiero sentir dolor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
en verdad tengo temor (yo solo)
Estoy enfermo de amor (voces de tres mujeres juntas)
lo vivo a todo color (yo solo)

Estuve a punto de ir por la guitarra para ponerle música a la canción. Reaccioné y me di cuenta que desde la entrada de la sala Ella me observaba, no sabía hace cuanto rato estaba ahí.

- ¿Qué haces despierta?.—le digo.
- Venía a ver como ibas con la canción.
- ¿Cómo sabes que estoy haciendo una canción?
- Por que te conozco. Sabía que pensarías que esa música es tonta, que cualquiera podría hacer eso y que inmediatamente, para demostrarte a ti mismo que puedes, te pondrías a hacer una canción de ese tipo.
- Mira me quedó chistosa, te la voy a cantar....—
no me deja terminar de hablar y plaff me cae un lapo.
- ¿Nunca te haz puesto a pensar que si duermes poco es por algo?. En lugar de dejar pasar ese tiempo y desaprovecharlo deberías emplearlo en hacer algo productivo como escribir. Aprovecha tu vocación y tu talento, no dejes que se pierda con tu falta de sueño. Escribe a mano, como se hizo siempre, luego ya lo puedes pasar a la computadora, así no es necesario que la tengas prendida por mucho tiempo.
- Por eso me diste a escuchar esto. Me conoces perfectamente, incluso sabes como voy a reaccionar antes de que las cosas ocurran.


Me dio un besito en la frente, acarició mi cabeza y con la otra mano me dio un apretoncito a modo de masaje en el cuello. Me dijo que no demore en ir a la cama, que hacía frío y que Ella no puede dormir en paz si no estoy a su lado. Le dije que iba en seguida.
Me quedé unos segundos más en la sala, parado junto al interruptor de la luz, pensando que Ella tenía razón. Lo único que tengo que hacer es escribir y escribir, crear más proyectos y ayudar de una u otra manera a mi país, a mi mundo, a mi gente. No siempre voy a hacer bien las cosas, me voy a equivocar, la voy a embarrar, no le caeré bien a todas las personas pero finalmente me daré cuenta que hay una sirena más por derrotar.
Apagué la luz de la sala, fui caminando a oscuras por la casa hasta llegar a la habitación. Ella estaba semi echada, mirándome, con todo su precioso cabello hacia un costado, levantó la sabana y colcha de mi lado de la cama, me invitó con un gesto a recostarme. Me eché a su lado y aquella noche, recostado sobre su vientre, dormí como bebito.
************************************
[[ Ilustración a cargo de la chica “aes” que no devuelve los libros que le presta la suegra y que frecuentemente me regala carcajadas con su disparatado sentido del humor: Paula Gómez (Canelones-Uruguay). Grande Pau! ]]

viernes 9 de mayo de 2008

23 (parte final)

El tipo dio la orden a un empleado para que encienda el proyector, la imagen se proyectó en la pantalla que estaba sobre mi lado derecho. Era muy parecida al siguiente esquema:

A=1 / B=2 / C=3 / D=4 / E=5 / F=6 / G=7 / H=8 / I=9
J=10 / K=11 / L=12 / M=13 / N=14 / Ñ=15 / O=16
P=17 / Q=18 / R=19 / S=20 / T=21 / U=22 / V=23
W=24 / X=25 / Y=26 / Z=27

El tipo se dirigía a mí en su discurso, pero hablaba por el micrófono para todo el público.
“Cada letra es representada por un número. Según esta tabla vamos a darte algunas muestras concretas de lo que intentamos hacerte saber, pero antes vamos a ponerte algunos ejemplos:
Recuerdo que un día caminaba haciendo mi meditación diaria por la playa. Es raro ver gente en la playa en otoño, pero ahí estaban ustedes escribiendo un poema. Les pregunté si podía leer, por que me encanta la literatura, ambos se extrañaron un poco pero finalmente me dijeron que sí y me dieron el papel. Conté los reglones que habían escrito y eran veintitrés. Volví a verlos y en ese instante tuve una visualización: noté que eran dos personas pero pronto serán tres; nuevamente el dos y el tres convirtiéndose en un veintitrés. Una lágrima rodó por mi mejilla y simplemente me fui, pero permanecía cerca de ustedes sin que noten mi presencia.
Ayer en el supermercado te vi nuevamente, pagando lo que comprabas en la caja número veintitrés. Recién entonces me quedó todo claro, tu eres el número que faltaba.”

- Disculpe. Yo no soy un número.—dije acercándome al micrófono.

Las personas empezaron a murmurar entre ellos, esta vez si se notaba el gesto de desagrado en sus rostros, no había caído nada bien mi comentario.
La miré a Ella. Me mostraba su dedo pulgar levantado en señal de aprobación, su sonrisa cómplice me hizo sentir seguro.

- ¿Cuál es la dirección de este lugar?.—me preguntó el tipo.
- Granja “V” salida 9, calle 14.—respondí.
- Según la tabla, ¿qué número representa a la letra “V” ?
- El número 23.
- ¿Cuánto es 9+14?
- 23.
- ¿Necesitas más ejemplos?

El minuto siguiente permanecí mudo al igual que el resto de personas en la sala. Unos se miraban sin decir nada, otros me veían a los ojos esperando la respuesta que podría dar. El tipo parado junto a mí permanecía quieto, con las manos cruzadas, observándome con tranquilidad.
Empecé a perder la calma, sentía como mis manos empezaban a sudar, estaba ruborizándome, mi mente me hablaba para decirme que guarde la compostura, debía responder algo simple, práctico y con sentido.

- ¿Qué es esto, una clase de matemáticas? ¿Por qué no nos dicen de una vez de que se trata todo este teatro de números?.—Dijo Ella en voz alta. Estaba de pie junto a la mesa, dirigiéndose a toda la sala.

El tipo nuevamente habla por el micrófono:
“La numerología es un conjunto de tradiciones y creencias de carácter místico que vive en comunión con los seres vivos, los números y las fuerzas físicas.
Pitágoras, en el año 530 AC , desarrolla un método que establece una relación entre los planetas y su vibración numérica a la que nombra “música de esferas”. Según este método, concluye que cada palabra tiene un sonido que vibra en consonancia con la frecuencia de los números como una faceta más de la armonía del universo y las leyes de la naturaleza.
La numerología se basa en que todos los números del uno al nueve tienen unas características positivas y negativas que aportan a la persona que los lleva por nacimiento, por los nombres y apellidos con que se identifica y por la firma que usa en sus actividades diarias. Los números son unos de los conceptos humanos más altos y precisos.
El esquema que les estoy mostrando no tiene nada que ver con numerología, ya que esta se basa en el sistema numérico decimal. Solo intento mostrarte la relación que hay entre tú y tu número y que esta más cerca de ti de lo que crees.”

- ¿Cómo se va a llamar tu hija?.—me preguntó

Yo quedé paralizado totalmente por la pregunta. ¿Como era posible que el tipo éste me hable de mi hija?. La niña de mis sueños que algún día vendrá a darme toda la vida que yo alguna vez no pude darle. Estaba a punto de golpear a ese sujeto, me estaba asustando un poco, tenía cólera por el hecho de que sepa tanto.

- Se va a llamar Ariadna, va ser tan linda como su madre y la ama tanto como a la Luna.—Contestó Ella por mi.

Felizmente estaba Ella, calmando mis mares como siempre, siendo el punto de partida para mis decisiones, dándome ejemplo con su manera de ser, firme en todo momento, salvándome a cada instante, con la palabra perfecta para dominar a mi Sirena.

- Las letras de la palabra “Ariadna” y la palabra “Luna”. ¿Podrías sumar las cantidades?.—Le dice el tipo.

Ella me miró, sus lagrimas estaban a punto de derramarse. Yo sabía que Ella no podría contener el llanto; sin embargo me sorprende nuevamente. Toma una servilleta, seca sus ojos y respira muy hondo, saca de su cartera el celular, utiliza la calculadora de éste para llevar la cuenta, se toma su tiempo mientras ve la tabla y va sumando. En voz alta responde con acierto:

- Ambas suman cuarenta y nueve.
- ¿Podría ahora dividir cuarenta y nueve entre veintitrés?.—
le pregunta el tipo.
- El resultado es 2.13
- Le voy a hacer una última pregunta. ¿Podría decirme la hora por favor?
- ... Son las 2:13 AM


Ella me mira nuevamente, la sala guarda un silencio sepulcral. Se sienta y toma un sorbo de champagne. La cara de incredulidad que tenía era notoria.
Me doy cuenta que el tipo la mira como haciéndole saber que él ah vencido.
Yo me siento impotente de no poder hacer nada. Tal vez tenga razón, ese número está muy ligado a mi, durante muchos momentos de mi vida se convirtió en mi cumbre máxima.
Entonces Ella me mira y yo noto una lágrima rodando por su bello rostro. Hasta hoy no se si fue por miedo o por pena que Ella lloró aquella noche. Yo sabía lo que Ella podría estar pensando, sé que conoce bien la historia de mi antiguo veintitrés. Es ahí cuando me armo de valor y enfrento a la audiencia, cojo el micrófono y hablo dirigiéndome a Ella:

“Tal vez haya algo de cierto en todo esto.
Un día el veintitrés fue mi esperanza, fue todo lo que tenía, me dio la vida que nunca tuve, me dio la felicidad que para entonces era desconocida. Pero, así como llegó y me lo dio todo, un día de la nada se marchó dejándolo todo inconcluso, estropeado, con mi alma destrozada y dejando que la cólera more dentro de mi por mucho tiempo. Pasé de amarlo a odiarlo tan solo para volver a amarlo nuevamente.
Felizmente llegó el día en que aprendí a guiarme de mi Estrella. Llegó Ella en un veintitrés también y me hizo entenderlo todo. De ti es que aprendí esto: “Se ama lo bueno y lo malo, no se puede amar por pedazos”.
Como dicen ustedes, –dirigiéndome a los masones esta vez— puede ser que un número rija mi vida. Sin embargo quiero declinar la invitación para formar parte de su logia, me basta con éste veintitrés que tengo ahora, que tendré siempre. Les estoy agradecido por tan increíble noche”

Bajé del estrado.
Mientras me acercaba a nuestra mesa podía distinguir las tonalidades color turquesa que ella emanaba, su felicidad es cálida, sus ojos con perfecto delineado se clavan en los míos, sus ojos son mi vicio y la única dosis que necesito para mantener la fe.
Ella se pone de pie, me toma por el brazo, le regala una sonrisa a la audiencia y juntos nos retiramos por donde vinimos.
Afuera de la mansión, antes de subir al auto, rodea mi cuello con sus brazos, me mira a los ojos y me pregunta:

- ¿Crees que la Luna y Ariadna tengan algo en común?
- Alguna vez pudo haber similitud, lo sabes. Ahora entiendo más mi tatuaje de Ariadna: la nenita reposa en la Luna, pero con sus manos quiere llegar hacia la Estrella. Todo comienza a tener sentido hoy.


Subimos al auto, manejé de regreso a casa por la carretera oscura, Ella reposaba su cabeza sobre mi hombro y cantaba, con su mágica voz, las melodías que desaparecen a mi Sirena.

Llegamos a casa, el gato dormía sobre el sofá, ninguno tenía sueño.
Nos pasamos sin dormir y conversando, de todo un poco, durante las siguientes veintitrés horas.
****************************
[[ Ilustración a cargo de mi gran amiga, siempre confiable, amable y últimamente muy estresada, pero no por ello mala onda: Paula Gómez (Canelones-Uruguay). Grande Pau! ]]

viernes 2 de mayo de 2008

23 (segunda parte)


- No puedo dormir.—Me dijo.

Abrí los ojos con mucho esfuerzo para mirar los numeritos rojos del despertador que está en la mesita, al lado de mi lugar en la cama. Eran casi las cuatro de la madrugada.

- ¿Qué pasa?
- No estoy segura, siento algo raro, no hago más que dar vueltas en la cama.

Recordé las primeras noches que pasé cuando recién llegué. Vi en su rostro la misma expresión de incomodidad que yo tenía. Ella siempre se esforzó por hacerme sentir como rey, por que no me falte nada y tenga todo al alcance. Estoy muy agradecido por su desinteresado y confiable amor, por su lealtad, por la tranquilidad que me daba con cada una de sus acciones y por las lecciones que bien he podido aprender de ella. Me enseñó con ejemplo, me hizo entender la forma incondicional del amor y saber que se ama lo bueno y lo malo, que no se puede amar por pedazos. Me enseñó que la palabra “amor” es gigante y que merece mucho respeto, no se le puede utilizar irresponsablemente. Aprendí con ella a salir de mis miserias, superé los engaños y mentiras del pasado, dejé de sentirme pisoteado.

- Tampoco tengo mucho sueño.—le dije— ¿Qué te parece si nos quedamos conversando hasta que nos quedemos dormidos? Así como hicimos cuando nos conocimos. ¿Recuerdas las más de cuarenta y ocho horas que pasamos sin dormir cuando hicimos el voluntariado?
- Si. Tenía miedo de cerrar los ojos y no poder seguir viviendo eso que vivía junto a ti, creo que me contagiaste tu insomnio.
- No, más bien fuiste tu la que me enseñaste a curarlo, eres mi medicina.
- ¿Quedó una botella de vino?
- Sí y los chocolates de pucca. ¿Subo dos copitas?.
- Ya, mostro! No te demores por fa.


No hay palabras para explicar lo que sentí al verla sentarse de un salto en la cama, llena de felicidad. En ese momento la habitación se convirtió en una perfecta obra de arte, viví la aceleración cardiaca mas sobre saltante de toda mi vida: Manitas cruzadas reposando en su vientre, sus piernas abrigadas bajo la sábana, la calidez perfectamente dibujada en su media sonrisa y los ojitos brillándole. Bajé corriendo a subir el vino, las copas y los chocolatines.

Vimos llegar el primer rayo de sol sentados en el piso del balcón, bebiendo las últimas copas. Nos duchamos. Ella me escogió la ropa para ese día y yo hice lo mismo con ella, hasta dejó que la maquille. Bajamos a la cocina, preparamos los huevitos revueltos mañaneros, las tostadas y el café.

- ¿Gordo, por que no llamas de una vez al tipo ese?
- No se. No se que decirle.
- Pregúntale que quiere y ya.


Cogió el teléfono inalámbrico, marcó el número, puso el altavoz y lo dejó apoyado en la mesita de la cocina. Los nervios me entraron cuando oí timbrar el teléfono.

- Aló.—Contestó aquella gruesa voz.
- Buenos días. Ayer usted me habló sobre una logia, en el supermercado y llamaba para...
- ¿Tienes tiempo hoy por la noche?. Me gustaría que asistas a una cena.
- Mmm... a ver un ratito.


Volteé a verla para saber que responderle, me encogí de hombros esperando respuestas. Ella lo pensó unos segundos y me dijo que sí con la cabeza.

- ¿Puedo ir acompañado?.
- ¿Es una persona de confianza?.—
Peguntó el tipo.
- Si, claro, vivo con Ella.
- Perfecto entonces. Apunta la dirección: Granja “V” salida 9, calle 14
- Eso es lejos, es a las afueras de la ciudad.
- Puedo mandar un auto a que los recoja si gusta.
- No, no es necesario, iremos en el nuestro.
- Los espero a las ocho entonces.
- ¿Por quien debo preguntar?

- Solo muestra la tarjeta que tienes y di que tu mesa es la número veintitrés.
- Listo, ahí estaremos. Hasta la noche.
- Adiós.


Sabíamos que todo ello era muy raro, nunca nos mencionó su nombre y nos había invitado a una cena. Lejos de asustarnos, como ya era costumbre nuestra, decidimos correr el riesgo e ir.
El día pasó rápido. Fuimos a que se compre zapatos, por que la mujeres por inercia compran zapatos para los compromisos, regresamos a la casa antes del medio día y nos quedamos dormidos.
Felizmente el gato se subió a la cama y nos despertó cerca de las seis de la tarde, nos dio el tiempo justo para alistarnos. Ella en su lindo vestido color miel y zapatos nuevos, yo con el terno negro y ya estábamos listos para salir a aquella cita incógnita.

La autopista estaba cómoda, fácil de transitar y con poco tráfico. El lugar quedaba lejos de nuestra casa, como a una hora en auto, no fue sencillo dar con la dirección, estaba en un lugar algo solitario, muy calmo, rodeado de bastante vegetación. Tomamos la salida 9 y luego volteamos por la calle 14, que era un camino de tierra, como se nos había indicado.

Al final de un pequeño túnel donde terminaba la calle y flanqueada por cuatro enormes árboles de pino, que eran similares a torreones de vigilancia, nos encontramos con una enorme mansión de tres pisos. Habían otros autos estacionados y para nuestra suerte solo un lugar quedaba vacío en el cual dejamos el nuestro.
Bajamos algo intimidados por la grandeza del lugar. Nos miramos y con un gesto nos dijimos mutuamente que debíamos continuar. Subimos la pequeña escalinata y metros antes de la puerta nos abrió y dio la bienvenida un tipo con fachas de mayordomo. Le di la tarjeta y dije que nuestra mesa era la número veintitrés. Fuimos guiados por un largo pasadizo, lujoso hasta en los detalles mínimos, finamente adornado con lámparas grandes, mesas de bronce con mármol y cuadros de exquisito diseño. Al final del pasadizo una gran puerta de dos alas se abrió de la misma manera como había ocurrido con la puerta de la entrada.
Tras la puerta un majestuoso y amplio salón, en el centro del mismo y formando un circulo estaban las mesas redondas, cada una de ellas con su respectivo número y frente a las mesas un pequeño estrado. Todas las mesas estaban ocupadas por parejas, todos mayores a cuarenta años. Solo quedaba vacía una mesa, la que tenía nuestro número, la veintitrés.
La gente se sorprendió al vernos entrar, no era la típica cara de sorpresa desagradable, más bien fue todo lo contrario, parece que nuestra presencia caía bien.
Ella me tomó la mano muy fuerte. El otro mayordomo, quien nos abrió la puerta del gran salón, nos condujo hasta nuestra mesa mientras nuestros pasos eran seguidos con mirada atenta por la gente del lugar. Los mozos llenaron nuestras copas con champagne.
Buscaba con la mirada al tipo raro de la tarjeta pero no podía ubicarlo. Ella miraba en todas direcciones y no soltaba mi mano.
Las luces del salón se hicieron bajas y se encendieron las del escenario. Se corrió el telón y se pudo apreciar un pequeño atril con un micrófono. Del costado izquierdo salió el tipo a quien ambos esperábamos ver, el mismo de quien yo había recibido las palmaditas en el supermercado y me había dado la tarjetita, el mismo a quien ella había visto cuando íbamos al café y una noche rondando la casa cuando sacaba la basura.
Se paró frente a todos y hablando por el micrófono, con su voz gruesa, dijo:

“Buenas noches a todos, es un placer volverlos a ver. Como ya se habrán dado cuenta esta noche se cierra el circulo, ya no queda vacía ninguna mesa. Hoy, finalmente, la logia está completa”

- A donde hemos venido a parar.—Le dije a Ella.
- Vamos a escuchar a estos locos hablar y luego nos vamos nomás.—Me respondió.

El tipo dirigió su mirada hacia nosotros y continuó hablando:
“La incredulidad fue lo primero que todos tuvimos que vencer. Nadie pudo asimilar de manera sencilla el poder de su número, nadie vio al principio como su destino se dibujaba tras los trazos de nuestras cifras, nuestros ojos no ven más que líneas y curvas en los números, la mente no siempre nos da toda la información.”

- Por favor ven acá adelante para poder presentarte.—dijo dirigiéndose a mi.

Ella me miró, soltó mi mano lentamente y con la cabeza me indicó que vaya. Le hice caso.
La gente se puso de pie y aplaudían mi caminar hacia el pequeño estrado, yo de los nervios abotonaba los botones ya abotonados de mi saco, podía sentir como me iba poniendo colorado de la vergüenza. Subí las cuatro gradas con miedo a caerme y finalmente estuve parado frente a toda esa gente sin saber que rayos hacía ahí.
El tipo me dio la mano a manera de saludo y me invitó a pararme a su costado. Luego continuó hablándole a la gente:
“Ahora le toca a él darse cuenta de que no está aquí en vano. Vamos a ponerle varios ejemplos hasta que entienda que no es coincidencia solamente”

- ¿Te parece si empezamos?.—me dijo el tipo.

La gente aplaudió dándome ánimos. Yo la miré a Ella, me dijo que sí con la cabeza, me transmitió con su mirada tierna que todo estaría bien y me guiñó un ojo.

- Bueno, veamos de que se trata todo esto.—respondí.

CONTINUARÁ.

viernes 18 de abril de 2008

23


- Solo basta que digas que sí para que seas parte de la logia.—Me dijo ese señor.
- ¿Ah, que logia?. ¿Nos conocemos?. Creo que me confunde con alguien.
- Es normal que tengas dudas. Tomate el tiempo que necesites para pensarlo, te dejo mi número de teléfono y cualquier cosa me avisas.

El tipo me dio su tarjeta personal con todos sus números de teléfono, estrechó fuertemente mi mano, cargó sus bolsas, me dio una palmadita en la espalda y se marchó perdiéndose entre los autos del estacionamiento. Pagué en la caja registradora las botellas de vino, el queso, los chocolates en forma de pucca y, con mucha vergüenza, las toallas higiénicas que me habían encargado. Salí raudo del supermercado a ver si el tipo seguía por ahí; no había señal de él. Hice sonar el fascinante y divertido “chu chui chu chuc” de la alarma del auto, guardé las bolsitas en la maletera y regresé a la casa.

Lo suponía. Tal como había imaginado.
Cuando llegué a casa me preguntó por que me había demorado tanto. Le conté sobre la riquísima degustación de quesos y la empachada que me había metido con los mismos. Además seleccionar el vino no era cosa sencilla, tuve que nadar entre mares de borgoñas, tintos, secos, etc... eso y que se me baje lo picadito que me puse antes de manejar.
- Y seguro que también andabas de coqueteo en coqueteo con las degustadoras.—Me cayó un lapo.
- No mai lof, yo solo tengo ojos para ti.—Le dije. La abracé desde atrás, tomé su cintura y le dí besitos en cuellito hasta que se le borró el puchero y se puso contenta. “Son esos días, tengo que ser paciente nomás”—me repetía.

Descorchaba una botella mientras ella partía los cuadritos de queso. Jack Jhonson y su melódica guitarrita sonaba a volumen bajito.
- Antes de hacer cola para pagar en caja se me acercó un tipo raro, como de unos cuarenta años, me dio su tarjeta. Mira
- Uhmm... ¿que quería?
- Me dijo de la nada que sería un honor si acepto ser parte de su logia.
- ¿Logia de que?
- Es lo que no sé.
- ¿Por casualidad no era bien alto, canoso, de barba candado también cana y con los dientes del medio bien separados?
- ¡Ala shit!... si. ¿Cómo sabes?
- Seguro es el raro ese que se nos acercó cuando escribíamos el poema en la playa. ¿Recuerdas que pidió leer lo que escribíamos, que le cayó una lágrima mientras nos sonreía y que luego nos devolvió el papel y así, sin decir nada, se fue?
- A miércoles, verdad.
- No quería decirte nada gordo, para no alarmarte, pero creo que lo he visto algunas veces más. Una vez se me hizo raro verlo sentado en el café al que vamos y me parece haberlo visto también un día que sacaba la basura. Creí que era coincidencia nomás o cosa mía, pero ya esto esta muy tenso.
- Bueno, no quería soltarla así nomás, pero creo que es Masón. Tenía simbología de aquello tatuado cerca de su mano y un anillo con la figura del ojo dentro de la pirámide.
- ¿Que es un Masón?
- Ala, tendríamos que hacer un viaje siglos atrás y volver hasta hoy para que lo entiendas de la mejor manera posible.
- Bueno, entonces empieza a contar que ya sabes que me gusta oírte hablar de estos cosos.

Llevamos las copas, la botella y los muchos cuadraditos de queso hasta la mesita de la sala. Encendió un incienso, bajó un poco la luz y nos sentamos en el sofá largo.
Me preguntó si estaba listo. Le dije que sí. Pregunté lo mismo y respondió afirmativamente.

Le cuento que la masonería es una asociación secreta de larga historia y que existe en todo el mundo. Su nombre se origina de la voz francesa “maÇon” (que quiere decir albañil), por que los masones usan simbología de esta muy antigua profesión, como escuadras, niveles, etc. También se emplea el nombre de “francmasonería” para designar a las asociaciones de masones. La palabra procede de que los albañiles medievales, al ser aceptados por las corporaciones de artesanos, quedaban libres o francos para ejercer su arte.

- Si señor que quiere ser lingüista,—interrumpe—eso de las palabras ya te he dicho que es más que interesante, pero yo quiero saber en verdad que son los masones.
- Pero mai lof, tengo que ir poquito por poquito, como una bonita historia.
- Disculpa, ya se que me pongo chinche cuando estoy con... ya sabes.
- Si chinchocienta, ya se
.
- Ja!... "chinchocienta", ya sonso sigue.—Me tira un cojín, me da un piquito, decimos salud chocando las copas, bebemos vinito y luego continúo:

En la edad media, los albañiles viajaban frecuentemente a otros países según las posibilidades de trabajo que les ofrecían.
Dada su habilidad y maestría eran solicitados en los centros importantes de construcción, como los castillos, palacios, abadías, etc. No podían existir corporaciones locales de albañiles debido al carácter migratorio de sus miembros. Estos obreros tenían por costumbre tomar una casa o logia en el lugar donde se establecían temporalmente. La logia era usada para el descanso del medio día, para celebrar reuniones después de las horas de trabajo y como centro de intercambio de información. Conversaban, acordaban los precios de los jornales y discutían los secretos de su arte. En esa época eran guardados muy celosamente los secretos de cualquier arte manual por los maestros y nunca se divulgaba más que a los iniciados en el oficio. Es de esta costumbre que surge el carácter secreto de estas primeras asociaciones de maestros albañiles.
Hay constancia histórica de estas primeras logias, principalmente inglesas, que datan desde finales del siglo XIV. En ellas describe al arte de la albañilería, que según tales documentos se originó en Egipto, y se enumeran los ritos de la asociación.
Años más tarde, probablemente en el siglo XVI, las logias masónicas se vuelven más secretas. Con el fin de distinguir a los aprendices de los obreros, los maestros usaban signos y contraseñas entre sí. Probablemente este sea el origen de los signos de la actual masonería.
En algunos países el vulgo atribuyó a estos signos ciertos poderes diabólicos o sobrenaturales.

- Tarados. Nunca faltan los viejos cucufatos que andan hablando tontería y media.—Me dice.
- Si. Son tan cerrados en su creencia que no son capaces de ver más allá de su horizonte.
- Que interesante gordo. Pero no se que tiene que ver esto con el tipo de la tarjeta.
- Es que aún no terminé, eso solo fue la etapa medieval.
- ¿Qué hay más? Bueno sigue por fa, pero antes dame un beso.

Un dulce besote, más quesito rico, nuevamente el salud y la chocadita de copas. Le sigo contando mientras ella escucha atenta y me mira con sus preciosos ojos, se acomoda el cabello tras la oreja, toma mi mano y yo prosigo:

En la edad media las logias eran compuestas exclusivamente por obreros u operarios. A comienzos del siglo XVII algunas logias comenzaron a admitir personas ajenas a la profesión. En Escocia e Inglaterra ingresaron a las logias masónicas muchos miembros de la nobleza y de las profesiones liberales. Con el paso del tiempo, los obreros manuales fueron perdiendo importancia y surgieron asociaciones conformadas únicamente por personas no trabajadoras.
En 1717 se crea en Inglaterra LA GRAN LOGIA para unificar a todas las corporaciones aisladas y la práctica se difunde muy rápido por toda Europa.
En el siglo XVIII la masonería cobra gran auge no solo en Europa, si no también en Asia y América. Una de las principales características de la masonería en esta época fue el enorme número de personas aristócratas que participaban en el movimiento. Se dice que esto se debe a la difusión del iluminismo por toda Europa. Ese ambiente intelectual se caracterizaba por la fe en la ciencia y el progreso, por la confianza en el uso de la razón y por la aspiración de un entendimiento universal entre todas las personas.
Las reformas económicas y políticas encontraron sólido apoyo en las asociaciones masónicas. Más tarde estas logias participaron de manera secreta en las conspiraciones y en los movimientos independentistas.
En la época en que las logias eran conformadas solo por obreros, los masones jamás tuvieron problemas de carácter religioso. Es después de la reforma religiosa (siglo XVI) que muchas logias adoptan el principio de aceptar a miembros de las diversas sectas protestantes. En el siglo XVIII, con el crecimiento del movimiento, se hizo más flexible la política de las logias hacia el aspecto religioso. Era indispensable que los miembros creyeran en un ser supremo y en una religión natural, luego fueron admitidos los judíos en 1723. Solo a ateos y agnósticos se les tiene prohibida la entrada a las sociedades masónicas.
La iglesia católica y algunos gobiernos son contrarios a la masonería. El papa Clemente XII condenó la institución en el año de 1783 y prohibió afiliarse a la misma.

- Eso es lo que no me gusta del catolicismo, debe ser la religión más prohibitiva. No se por que la filosofía de andar asustando a los creyentes con la idea del infierno y los castigos.—Me dice.
- Bueno si. Pero en fin, cada quien se maneja como mejor le parece.—Le contesto.
- Pero te quedaste en mil setecientos no se cuantos. ¿Qué pasa en la actualidad?
- A ya, sucede que:

La oposición de algunos gobiernos a la masonería se debe al carácter internacional y secreto de la institución. Por el contrario hay otros que siempre han permitido el funcionamiento de las logias de manera libre, sin estorbar sus actividades ni intervenir en ellas.
Las tendencias liberales del movimiento causaron la oposición de los monarcas absolutos de la llamada “Santa Alianza”. Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, prohibieron la masonería durante sus gobiernos. En Rusia y en otros países sujetos a regímenes totalitarios es considerado ilegal la existencia de esta organización.
En Inglaterra y Estados Unidos, por ejemplo, así como en otros países democráticos, la masonería nunca ha tenido conflictos con los gobiernos. Muchos gobernantes y figuras políticas de los referidos países pertenecen a logias masónicas Es más los masones desempeñaron un papel muy importante en la guerra de independencia y en la política de Estados unidos, incluso se dice que ellos crearon el escudo del águila calva y la bandera de dicho país.
Ahora las logias se encuentran situadas en lugares remotos o totalmente inesperados.
Se calcula que el número total de masones en el mundo supera los seis millones. Muchas figuras importantes de nuestra historia han pertenecido a la masonería, como Bolívar, San Martín y José Martí.

- ¿Pero que podría querer un masón contigo gordo?—dice con algo de ironía.
- Es lo que no se, pero esos símbolos, el del tatuaje y el anillo, son totalmente masones.
- Además la coincidencia de haberlo visto otras veces ya está más que sospechoso.
- Pucha si, me da melliitoo.—
Dije haciendo voz de niñito, poniendo cara de baboso y haciéndome el engreído.
- No yo te cuido, yo te cuido.—Me dice mientras me apapacha.—Mejor vamos ya a la camita a descansar que es tarde. Mañana lo llamas, quedas en encontrarte con él, vamos y lo encaramos para salir de dudas de una vez y no andar con miedo.

Pienso que Ella y su idea son geniales; por otro lado como decirle que no, también quiero ir a la camita. Es más que seguro que las siguientes noches en verdad descansaremos. “Es de esos días”.—Recuerdo.


CONTINUARÁ.


-------------------------------------------------------------------------------------------------

° Fuente:
- Enciclopedia Barsa.
- Británica enciclopedia universal.
- Historias narradas por el abuelito.

domingo 13 de abril de 2008

El secreto San Patricio

Ofelia es una niña muy inteligente, vivaz, de ojos grandes y todavía inocentes, con postura de lady refinada y sonrisa carismática. Tiene once años y ya trabaja. Alquila caballos para paseo y es guía en el pueblo al que habíamos llegado – Camila y yo – la noche anterior.
Nos levantamos temprano y fuimos hacia la plaza. Allí, Ofelia nos preguntó si ya teníamos caballo para ir a conocer el pueblo y alrededores; nosotros respondimos que no, que lo primero que queríamos hacer era tomar desayuno. Nos dijo que si queríamos podíamos ir al quiosco donde su madre vende choclo con queso y ponche de maca.
Que buena! Choclo con queso! – dijo Camila – No se que cosa sea el ponchi o punchu con masa ese, pero quiero ir por el choclo con queso.
Es ponche de maca y también te va a gustar, es buenazo.—le dije.
Ofelia sonrió y nos dijo que la sigamos.
A medida que subíamos por la callecita, que estaba muy empinada, nos acercábamos a un largo quiosco cuadrado que tenía una larga barra y ésta bordeaba los cuatro lados, todas las banquitas estaban ocupadas, el lugar estaba repleto. La niña entró, le dijo algo a la señora que servía y preparaba la comida mientras nos señalaba. La señora nos saludó con la mano, nosotros respondimos el gesto. Ofelia sacó dos banquitas más, le dijo a unos chicos que se arrimaran un poco, ellos lo hicieron sin ninguna molestia y nos invitó a sentarnos. Volvió a entrar al quisco. De una gran olla de barro, que estaba sobre una cocina de carbón, sacó dos enormes, amarillos, brillosos y lindísimos choclos, cortó dos gigantescas tajadas del muy blanco y delicioso queso fresco que adornaba los mostradores, los puso sobre platitos de barro y los llevó a nuestro sitio. De otra olla, que también era de barro, sacó con un cucharón el ponche de maca y nos lo sirvió en unas graciosas tacitas... si, también de barro.
No se si sea el barro o no pero este brebaje esta más que bueno, aparte este choclo tiene unos granos enormes, podemos hacer pastel de choclo para ocho personas con un solo grano... y el queso!... uff, que decirte, de exportación la webá.— me dijo Camila, muy sorprendida.
La gente que estaba cerca, que eran lugareños, y habían escuchado el comentario empezaron a reír orgullosamente.
Así es señorita. —respondió un anciano que llevaba sombrero de paja. Así es cuando uno trabaja con mucho cariño y con chicha de jora encima.
Todos reímos.

La gente se iba retirando luego de terminar su desayuno. Algunos se despedían dándonos la mano, otros levantaban su sombrero y agachaban un poco la cabeza, unos hacían una pequeña venia. Nos quedamos solos en el quiosco con Ofelia y su mamá.

-Bueno, ahora creo que tenemos que ir a hacer el tour en caballo. ¿No Ofelia? —Le dije a la niña.
- Anda Ofe apura, anda al establo y trae las yeguas para que lleves a los jóvenes.—Le dijo la mamá a su hija.
- Mejor nosotros vamos hasta el establo con ella, cosa que así caminamos un poquito para que nos baje la comida que estoy toda llena.—
Dijo Camila.
- Ya, síganme, es como a cinco minutos caminando.—Nos dijo la niña.

Llegamos al ordenadísimo y pulcro establo que sincronizada y efectivamente estaba a cinco minutos caminando.
- Asu, cuantos caballitos tienen.—Le dije a Camila.
- Si, parece que estuvieran de hambre por que andan todos flacos los pobres.—Me respondió.
- Así es el caballo cholo, –
nos explica Ofelia – son de contextura delgada, comen bastante pero igual se les ve huesudos, como si nunca los alimentasen. A pesar de eso son más fuertes y resistentes que un caballo de carrera, pueden cargar tres veces su peso y es difícil que se canse, bien recio es. Pueden escoger en cual quieren ir.

Empezamos a pasear por el lugar viendo caballitos, tratando de adivinar cual es el más dócil, cual estaba menos cansado.

- A mi me gusta el marroncito de mancha blanca en la frente.—les dije.
- Yo quiero ir en este que se peina con raya al medio.—
dijo Camila.
- Bueno pues, – dice Ofelia – esas yeguas son más fuertes que los machos, escogieron bien.
La de usted joven se llama Milo y la de usted señorita se llama Nana.
Cami y yo nos miramos, nos matamos de risa.

Pasamos las siguiente cuatro horas recorriendo lugares bellísimos, bajando y subiendo de Milo y Nana, aprendiendo a atar caballos en troncos de árbol, “schuu”, “Ohh”, “Arre” eran las palabras más mencionadas.
No olvidaré nunca las blancas caídas de agua que regaban las laderas de los imponentes cerros verdes que nos resguardaban, la vista en miniatura del acogedor pueblo que teníamos desde lo alto del mirador, las grandes y dulces naranjas que sacamos de los árboles que estaban en el camino, el bosque de mariposas coloridas y el aroma relajante de sus flores, las enormes piedras magnéticas de los restos de edificaciones incas, ver su cabello danzar al ritmo del viento y saber que el viento venera ese precioso movimiento, poder sentir el viento frío en mi rostro, cerrar los ojos y entrar en trance con la música creada por las herraduras de los caballos al pisar, dejar que mi corazón se encienda de emoción y no tener ganas de extinguir ese fuego, ver a la Luna en el cielo despejado de aquella mañana y Naslorga danzando regocijada entre los sembríos de trigo.

El tiempo dio exacto para conocer todos los alrededores, los quince soles gastados por cada caballo estaban bien pagados.

- ¿Ahora que hacemos hasta mañana? Ya conocimos todo.—le dije a Camila.
- No se, vamos a almorzar y ahí pensamos.
- Disculpen que interrumpa, pero aún no han conocido todo.—dijo Ofelia.— Les faltaría ir nomás al pueblito de San Patricio, ahí viven familias que se dedican a la minería, la mina esta ahí cerquita nomás. Lo malo es que San Patricio está a una hora de aquí en caballo. Por quince soles más les llevo a los dos a que conozcan si quieren.

Estuvimos de acuerdo con la proposición de Ofelia y decidimos almorzar allá.


**********


Camino de trocha bien afirmada, vacas pastando, un puente para cruzar un río y tras una pequeña colina se deja ver el arco pintado en colores ocres que da la bienvenida y que informa a los visitantes que han llegado al pueblo de San Patricio.
Ofelia nos preguntó si queríamos almorzar antes de ir a conocer la mina. Le respondimos que si. Nos dijo que sería bueno ir con Don Abel. Dice que este señor prepara truchas de mil maneras diferentes, cuenta que cada una es un manjar total.
Nuevamente seguimos el consejo de Ofelia y fuimos donde ella nos recomendó.

Don Abel tiene aproximadamente setenta años, es una de las personas más respetadas del pueblo. Luce una larga barba gris y no soporta usar zapatos, sus manos dan fe de todo el fuerte trabajo que realizó a lo largo de su vida, sus ojos son profundos y denotan sabiduría, habla de manera pausada y gesticula bastante con las manos.
Nos invita a pasar a su casa que es también un restaurante campestre en donde no había ningún cliente. Trae la carta que está conformada por distintos tipos de platos hechos a base de trucha. Insiste en que comamos ceviche de trucha, dice que podemos ir a la pisci-granja y que podemos escoger el pez con el cual preparará nuestro plato. Accedemos.
Vemos uno grande, de ojos desorbitados y panza colorada. Le decimos que queremos ese. Tira muchas migajitas de pan cerca de la orilla, los peces se acercan como locos a tragarlas, se hecha al borde de la piscina, nuestra trucha panza roja se acerca a comer y Don Abel, con gran destreza, introduce sus manos en el agua a velocidad de rayo. Ahora entre sus manos está el escurridizo y movedizo pescado.
Nos pide que vayamos rapidito con él a la cocina. Pone a la trucha bajo el agua que corre del caño, abre sus branquias, quita las escamas pasando el filo del cuchillo a manera de lija sobre el pescado, le quita las viseras y la cabeza, lo remoja en agua con sal, filetea de manera mecánica, el cuchillo parece parte de sus extremidades, corta ocho limones por la mitad y los exprime en un recipiente, muele ajo aplastándolo con una piedra, corta los filetes del pescado en cuadritos y los mezcla con el jugo del limón y el ajo molido. Corta en juliana unas coloradas cebollas. Dice que esperemos tres minutos que cocine un poquito la mezcla mientras el va preparando la canchita serrana.
Pasados los tres minutos, y habiendo incorporado ya la canchita a los platos, nos regala el mejor ceviche, el más rico que pude haber probado en toda mi vida.
Ofelia suspiraba acariciándose la barriga, Camila estaba sorprendida, no le gusta mucho la comida marina pero lo que acababa de comer, hasta dejar limpio el plato, era más que espectacular. Yo tenía ganas de pedir repetición.
Don Abel trae una jarra de chicha de jora heladita. “Es para que bajen la truchita” – nos dice y se sienta en nuestra mesa para hacernos compañía.

- Todo estuvo muy rico Don Abel, muchas gracias.—le digo.
- Sobre todo la chichita esta, me sorprendo cada vez más con las cosas que me dan de tomar.—dice Camila.
- Yo sabía que don Abel cocina siempre rico, por eso los traje aquí.—comenta Ofelia.
- Gracias jóvenes, es más rico todavía si es gratis .—dice riendo Don Abel.
- ¿Cómo que gratis?—decimos en coro todos, totalmente sorprendidos.
- Claro, la temporada alta todavía empieza el otro fin de semana, recién abrí hoy por la mañana y ustedes son los primeros clientes en venir. Les regalo lo que han comido, es una costumbre que siempre me trae suerte: la primera comida que preparo siempre es de cortesía. Por favor, no me arruinen la tradición.
- ¿Lo dice en serio?.—le pregunto.
- Claro jóvenes, acéptenlo con mucho cariño.
- Bueno gracias, pero no me diga joven. Soy Nano.
- Y Yo Camila.—Le dijo sonriente y estirando su mano para estrechar la suya.

Le cuento que queremos ir a conocer la mina. Nos pregunta si alguna vez estuvimos en una. Le digo que con las justas fui a la que está en el parque de las leyendas y que lo único que salva esa visita aburrida es el simulador de ascensor que hay ahí.

- ¿Son bautizados?—Pregunta Don Abel.
Todos movemos la cabeza afirmativamente.
- ¿A que viene esa pregunta?—Dice Camila.
- No me gustaría que tengan problemas con El Muqui.
- ¿Quién es Muqui?—Pregunto.
- El Muqui es un duende que habita las minas de toda la sierra del país. Aquí muchas personas han sufrido por culpa de este ser. Algunos bebés desaparecieron, se perdía ganado de manera ilógica, incluso algunos mineros han intentado ser llevados a las profundidades de las minas, es pequeño pero tiene mucha fuerza y así los arrastra hasta el fondo, hacía la oscuridad. A esa gente no se les vuelve a ver.
- ¿Pero que no son puros cuentos eso?—dice Camila.
- No hija, a mi me pasó. Cuando era joven trabajaba hasta muy tarde en la mina y a veces me quedaba haciendo turnos toda la noche también. Estaba con un compañero empujando los carros que van sobre los rieles y escuchamos los gritos de auxilio de una persona, venían del fondo de la mina. Cogimos nuestros picos y corrimos hacia adentro a ver que pasaba. La luz se cortó, solo veíamos con la pequeña lámpara que está sobre los cascos. Seguimos avanzando y cada vez nos acercábamos más a los gritos. El compañero que gritaba estaba casi desnudo tirado en el piso, lloraba y tenía cara de terror. Vimos bien y este ser horrible de cuerpo desforme y pequeño lo jaloneaba de una pierna. El compañero que estaba a mi costado se quedó petrificado del miedo. El Muqui lo vio y corrió a jalonearlo a él también. Se llenó de pánico y no atinó a defenderse. Luego vino por mi, me jaloneaba muy fuerte y a pesar de que yo luchaba con todas mis fuerzas no podía hacer nada, este duende es muy fuerte. A penas pude, ya casi rendido, saqué la estampita de San Patricio que me regaló mi abuelo y que siempre llevo conmigo. Empecé a rezarle. Milagrosamente cuando el Muqui vio lo que tenía entre mis manos se llenó de miedo, empezó a golpear su cabeza contra la pared de piedra y se fue corriendo desapareciendo en la oscuridad del fondo de la mina.
Mis compañeros y yo le estuvimos muy agradecidos a San Patricio, contamos la historia a todos los pobladores y construimos la capillita que tiene su nombre. Recién, después de tantos años, hace poco que las autoridades departamentales nos permitieron cambiarle de nombre al pueblo para llamarlo como nuestro santo patrono.

Todos teníamos cara de misterio, habíamos atendido con total disciplina la historia que don Abel nos había contado. Ofelia tenía un poco de miedo y estaba casi abrazando a Camila.

- Nunca supe por que El Muqui se espantó tanto con San Patricio.—Continuó Don Abel.
- Yo creo saber por que.—Les dije y me quedaron mirando con cara de asombro.
- A ver hijo, cuéntame por que.—Dijo en tono irónico Don Abel.
- Hace mucho tiempo un cura llamado Patricio, que decían era muy milagroso, empezó a transformar al catolicismo a miles de personas en Irlanda. Los Druidas (sacerdotes de tradición celta), al verse disminuidos y notando que estaban siendo absorbidos por esta nueva religión, decidieron invocar a un ejercito de duendes y los enviaron al pueblo con el fin de atormentar a los supuestos traidores. Luego de saquear el pueblo y llevarse a los hijos de los pobladores decidieron ir al monasterio donde Patricio residía. Los Duendes entraron al templo, empezaron a causar destrozos, saquearon las riquezas del recinto y atemorizaron a los curas. Finalmente Patricio los enfrentó e invocando a Dios logró expulsarlos y mandarlos a las profundidades de la tierra.
- Por eso es que salen de las minas...—Dijo don Abel.
- No se, tal vez, puede ser por eso. Quien sabe.

Ofelia advirtió que el cielo se tornaba gris, era inminente la lluvia y que por eso debíamos empezar el viaje de regreso, si empezaba a llover en pleno camino sería muy riesgoso para nosotros.
Don Abel nos acompañó a los caballos, se despidió afectuosamente de nosotros y nos dio su bendición. Me pidió hablar conmigo un momento antes de marcharnos.
Nos apartamos de Camila y Ofelia unos cuarenta metros y nos sentamos en una banquita de madera.

- Muchas gracias por lo que me haz enseñado hoy muchacho.
- No hay nada que agradecer Don Abel, solo le conté una historia.
- Pero sin notarlo hiciste hacerme entender mi fe por San Patricio... ¿Puedo pedirte un favor hijo?
- Claro, dígame.
- Cuando escribas sobre lo de hoy, no digas exactamente donde queda el pueblo.

Yo me quedé helado. Una corriente fría recorrió todo mi cuerpo y el desconcierto era enorme. ¿Cómo era posible que este señor sepa que me gusta escribir y que ya había pasado por mi cabeza la idea de contar esta historia?

- Recuerda que los golpes de la vida te van a hacer más fuerte y no son en vano.—Continua Don Abel.— Además tienes que ser fuerte para amar a tus hijos y a la bella esposa que tendrás. No dejes nunca de mirar a la Luna, tu destino se dibuja y florece en ese camino.
- ¿Quién es usted Don Abel?
- Nos vamos a volver a ver y ahí lo sabrás.
- ¿Por qué siempre me dejan con las cosas a medias
?
- Así será hasta que dejes de hacer tantas preguntas y hasta que entiendas que los misterios son los que hacen interesantes nuestras vidas y que solo así obtendremos mayor sabiduría.
Ahora ya vayan que apenas lleguen va a empezar una fuerte lluvia. No olvides prestarle atención a las señales... y por cierto muchacho, me gusta el pentaculo que tienes tatuado.


Nos pusimos de pie, nos dimos un fuerte abrazo y regresé a mi caballo.

Camila me preguntó que me había dicho Don Abel. Le dije que era cosa de hombres.
Ap, bueno, que eres loco.—Me dijo.

Llegamos al pueblo nuevamente y, como dijo Don Abel, empezó a caer fuertemente la lluvia. Le dimos gracias a Milo y Nana por haber soportado nuestro peso tanto tiempo. Ofelia se retiró, previo besito y abrazote, agradeciendo por el hermoso día que había pasado con nosotros, dijo que no nos olvidaría.
Era hora de ir a descansar, tendríamos que despertar temprano al día siguiente para regresar a Lima y luego hacer el viaje a Trujillo.

viernes 28 de marzo de 2008

La magia de mi Estrella


Eran cerca de las dos de la mañana cuando llegamos a nuestra playa, apartada de la civilización, para acampar.
Las carpas se armaron inmediatamente, la fogata se encendió, su luz y calor eran necesarios. Alguien sugirió: “sacamos un roncito”. Todos estuvimos de acuerdo.

El cansancio obligaba a dormir, las carpas iban siendo ocupadas por la mayoría de mujeres, niños y uno que otro manganzón que ya no jalaba. Me quedé roneando con mi hermana y dos primos.
El cielo nocturno estaba despejado, la Luna llena enorme iluminaba cual disco fluorescente la noche estrellada, el fuego crepitaba sobre la arena tibia, el Mar roncaba delante de nosotros con fuertes olas, la brisa salina acentuaba las gotas de rocío sobre la totora.
Parados alrededor de la pequeña hoguera, conversando, bebiendo ron, maravillándonos con la bella vista, respirando aire nuevo, se podía notar como todos esbozábamos sonrisas de plena calma y felicidad.
Fanlu me hacía levantar incontables veces la vista hacía la Luna. Es ahí donde la puedo ver y suelo imaginar que ella se acuerda de mí.

A medida que pasaban las horas se hacían más brillantes las estrellas, el Mar se calmaba un poco y el fuego terminaba de consumir la madera y las cañas de totora. Ya todos habían ido a recolectar leña para avivar el fuego menos yo, que solo miraba hacia el cielo, por lo que mi turno de ir había llegado.
Tenía que caminar aproximadamente cien metros hasta llegar al punto de acopio donde los pescadores desechan y juntan la vieja totora. Cuando llegué al lugar miré hacia donde estaba el campamento y las carpas, apenas se distinguía, encendí un cigarro y aproveché para hacer la pichita.

Es en el momento menos pensado en que la magia ocurre.
Miré nuevamente al cielo. La Luna estaba flanqueada de hermosas estrellas pero entre todas ellas una sobresalía en especial: la estrella solitaria a la derecha de la Luna.
Tenía tonos rojos y azules, ya la había visto antes, pero esta vez pude sentir y palpar toda su magia.
Cogí una ramita de totora y tracé un pentaculo en la arena. Terminado el dibujo incrusté la ramita en el centro de la figura, fui a la orilla del Mar y traje un poquito de agua con la que humedecí la ramita que había clavado, hice una oración pidiendo que la vida me muestre el camino a seguir y empecé a juntar la totora.
El viento comenzó a soplar muy fuerte, hacía que entre arena a mis ojos, no podía abrirlos bien y apenas veía como a lo lejos la luz de la fogata se hacía más débil. Agarré muchas cañas de totora con las dos manos y corrí hacia donde estaban los demás para que me ayuden a alimentar el fuego. A medida que me iba acercando el viento se calmaba y cuando llegué con ellos todo estaba en orden nuevamente, era como si no hubiesen sentido el ventarrón pues bebían y conversaban de lo más normal.

-Voy a traer más de una vez para no estar yendo y viniendo – les dije.

Regresé al punto de acopio y la ramita se había caído, estaba sobre la punta de la estrella donde había invocado al Atalaya del Sur.
Para mi esa fue la señal que necesitaba.
La estrella solitaria, de colores rojo y azul a la derecha de la Luna y la cañita de totora apuntando al sur me mostraron mi camino a seguir.
“De no haber sido por la Luna jamás habría podido conocer a mi hermosa Estrella” – me dije.

Sentí el aroma fresco de mi hada, sabía que estaba cerca en ese momento. Vi a la sirena hundirse bajo las olas.
Retorné al campamento con un montículo de enormes totoras bajo los brazos, avivé un poco el fuego y me senté en el pequeño circulo que habían formado los que bebían.

Vimos venir al amanecer, despedimos a la Luna y le dimos la bienvenida al Sol.
Me fui a la carpa algo cansado. Antes de entrar en ella vi que sobre el lado derecho una Estrella de Mar reposaba placidamente. La cogí con mucho cuidado y la llevé a la orilla del Mar. “Gracias por las señales, ahora todo está claro”

Entré en mi carpa, la vi dormir placidamente, me acurruqué a su costado y con un susurro le dije: La Estrella que más brilla pude alcanzar.
Ella sonrió un poco y yo dormí feliz.

jueves 13 de marzo de 2008

Nos vamos!


Después de conversarlo bastante, pensar con cabeza fría y decidirlo por unanimidad:
Por fin el viaje!
No me voy solo, me acompañan Fanlu, Naslorga, mi Luna –que desde el cielo siempre será mi mayor referencia­– y Qantrish. (Si, ella también, puede que la necesitemos en algún momento). Además, junto con nosotros, viene alguien más a quien ya irán conociendo poco a poco.

El norte nos espera.
Primera parada en Trujillo. Se casa mi prima y ahí estaremos. Al día siguiente es el cumpleaños de la misma prima; luego viene la semana santa, el fin de semana en el “Pacasmayo Fest.” y quién sabe que otras cosas puedan pasar.
Todo estará bien contado, documentado y fotografiado.

Volveré a mi muelle viejito de Pacasmayo, a la playa donde la oscuridad es la reina de la noche, sunsets mágicos, culturas milenarias, viajes de carretera mirando por la ventana, ganas de no querer regresar a Lima. Ya tuve la suerte de haber vivido aquello; sin embargo está vez será mucho mejor, no voy a estar solo.

Esta canción me hace querer dar más de mi, me motiva a seguir adelante, por eso la puse. Lamentablemente la calidad de la imagen es mala, pero piña, no había otro en youtube.

El video es de la canción 10% de la banda Peruana GAIA, lo pueden encontrar en su segundo disco, que es acústico, llamado Anfibio. Visita www.gaiaband.com

 
Google