
El despertador y su insoportable ruidito suena a las siete de la mañana. Germán, como todos los días, corre durante veinte minutos en el parque que está cerca de su casa; luego del ejercicio tomará una ducha, preparará café y lo beberá en su balcón. Bebe el café en el balcón desde el día en que notó que Lucy, la nueva vecina de al lado, riega las plantas que compró hace poco y que colocó en su balcón.
Germán está decidido a superar sus nervios y, por primera vez, entablar conversación con Lucy.
Corre las cortinas, abre la puerta de vidrio y, tasa de café en mano, sale a su balcón.
Luego de unos minutos, Lucy hace su aparición; también corre sus cortinas, abre la puerta de vidrio y sale a su balcón. Lleva en sus manos una pequeña regadera con la que delicadamente pone agua a las plantas, su camisón de dormir es corto y deja ver sus largas y torneadas piernas, las que vuelven loco a Germán. Se pone en cuclillas, acomoda su cabello tras su oreja y riega la pequeñita planta que está en el suelo, en una macetita morada.
“Cambia la cara de idiota, se educado y no balbucees”—se dice Germán a sí mismo.
- Buenos días—dice Germán con voz tímida y poco clara.
La distancia que hay entre balcones no es mucha pero, dado el tono bajo de voz que usó Germán, Lucy no entiende bien lo que le quiso decir.
- Disculpa...¿me dijiste algo?
Germán siente como el calor y las tonalidades rojas invaden su rostro.
- Hola, buen día. Te estaba saludando, disculpa si no hablé claro.
- Buen día para ti también,—responde Lucy, sonrientemente—estos son los días buenos, los días de descanso, cuando uno no tiene que ir al trabajo.
- Que coincidencia, hoy también es mi día de descanso.
- ¿A si? Pero te levantaste temprano también.
- ...bueno si, digamos que el horario de sueño ya acostumbró a mi cuerpo a levantarse a la misma hora todos los días. Tu también te levantaste temprano.
- Si. Las plantitas, al igual que la gente con sus horas de comida, también tienen sus horarios. Dadas las distintas funciones que realizan, tienen su momento en el que emanan oxígeno y otro en el que reciclan el CO2, hay un momento para la fotosíntesis y otro para la polinización. Por eso aprovecho las mañanas, cuando recién están despertando, para darles de desayunar, no sería justo estropear sus horarios después de todo el trabajo gratuito que hacen por nosotros.
- Tienes mucha razón, es muy justo lo que haces.
- Si quieres ven a mi casa a la hora de almuerzo y podemos seguir hablando.
- ¿En serio? Me encantaría!
- Entonces te espero en la tarde, como a la una. Ahora tengo que llevar a mi perrita a su salón de belleza. Que estés muy bien.
Lucy abre y cierra su mano varias veces, a modo de despedida, sonríe y entra a su departamento con la mirada puesta todo el tiempo en los ojos de Germán.
A Germán no le cabe la alegría en su cuerpo. Entra corriendo a su departamento y en silencio, no sea que escuchen Lucy y los demás vecinos, salta, aprieta los puños, levanta los brazos y da vueltas, como futbolista cuando festeja un gol. No cree posible que le esté ocurriendo eso.
Luego, cuando vuelve a tierra firme, cree que lo mejor será no llegar con las manos vacías.
Sale de casa y se pasa la mañana buscando, en diferentes tiendas, el perfume más rico. Luego, como a Lucy le gustan las plantas y las flores, decide comprarle una preciosas azucenas que vio en una florería cercana a la tienda donde compró el perfume.
Finalmente compra una botella de un muy rico vino para acompañar la comida.
Minutos antes de la una, Germán ya está parado frente a la puerta de la casa de Lucy, oliendo muy rico y trayendo consigo una botella de vino y un gran ramo de azucenas. Hace una corta oración en su mente y toca el timbre.
Una señora mayor, con lentes oscuros, un tanto despeinada y con semblante decaído abre la puerta. Le extraña la presencia de aquel muchacho que va vestido de esa manera, lo mira de pies a cabeza.
- ¿Se le ofrece algo?
Germán no cree haberse confundido de departamento, además a esa señora no la había visto nunca en su vida, se le hace extraño.
- Buenas tardes busco a Lucy, soy su vecino y habíamos acordado una reunión para almorzar hoy.
- Mi hija me contó algo así, Pasa por favor.
La señora abre la puerta y deja entrar a Germán. Con un movimiento de su mano le indica el sofá y le invita a tomar asiento. Germán está algo confundido, pero sabe que no se equivocó de casa, además la señora ya se había presentado como mamá de Lucy. “Seguramente ella tardará un poco en volver y mandó a su madre a que me atienda por un momento para no dejarme plantado”—pensaba.
- Tengo que contarte algo hijo. ¿Disculpa, cual es tu nombre?
- Germán, señora.
- Es muy difícil, no se como pudo haber pasado—la señora seca, con un pañuelo, las lágrimas por debajo de sus lentes oscuros.
- ¿Sucedió algo malo señora?—Germán comenzaba a inquietarse.
- Hace unas horas, en la mañana, hablé con Lucy. Mi hija me contó que llevaría a la perrita al veterinario ya que, como todos los Lunes, era el día en que la bañaban. Me contó también que el chico que le gustaba, por fin había entablado conversación con ella y que hoy almorzarían juntos. La señorita de la veterinaria me contó que Lucy iba a dejar al animalito un momento mientras ella iría al supermercado. La señorita escuchó el horrible ruido de un auto frenando, un fuerte golpe, a mujeres gritando en la calle y niños llorando. Salió a ver que pasaba y vio a Lucy...—la señora inclina la cabeza y sostiene con una mano su frente.
- Dios mío...dígame que ocurre por favor—los ojos de Germán se llenan de lágrimas.
- El tipo que manejaba estaba borracho, perdió el control del auto y chocó contra un poste de luz después de atropellar a mi hijita...ambos perdieron la vida al instante.
Germán dejó caer las azucenas al piso, soltó la botella sobre el sillón, se puso en pie, miro a la señora, bajó la mirada y salió de la casa. Caminó por el pequeño pasillo hasta que llegó a la puerta de su departamento, entró a su casa, tiró las llaves sobre la mesa, corrió las cortinas, abrió la puerta de vidrio, apoyó los antebrazos en la baranda del balcón y lloró amargamente por largo rato.
Pasadas las horas oyó que tocaron la puerta de su casa. Cuando se acercaba a la puerta vio que por debajo de ella le dejaban una nota. La leyó y había anotada una dirección. Abrió la puerta para ver quien era la persona dejaba el papel y vio a la mamá de Lucy bajar las escaleras que estaban al final del pasillo.
Secó sus lágrimas, lavó su rostro y salió de casa buscando esa dirección.
Cuando dio con el lugar no supo si entrar o no. Afuera de la casa había gente con rostro acongojado y vestida con trajes oscuros. Supuso que era el funeral. Como él estaba vestido con ropa casual, pensó que lo mejor sería no entrar vestido de esa manera. Se estaba dando media vuelta para irse y oyó la voz de la madre de Lucy que le decía que le daba gusto que haya llegado. La señora lo invita a pasar y lo conduce hasta llegar frente al ataúd. Sobre el ataúd están las azucenas que había comprado. La señora saca una flor de aquel ramo y se la entrega a Germán.
- Eran las flores favoritas de mi hija, seguramente en este momento está muy feliz de tenerlas—le dice la señora.
Germán sostiene entre sus manos aquella flor y la queda mirando. La señora pone una mano sobre el hombro de Germán, le da un leve apretón y se retira.
Al día siguiente, luego de asistir al sepelio, Germán regresa a casa. Va a su balcón e imagina a Lucy regando con delicadeza sus plantas.
“¡Las plantas!”—piensa Germán.
Se llena de valor y da un salto desde su balcón hasta el de Lucy. Una por una lleva a su casa las plantas que eran de Lucy. Entra a la casa de quien fue su vecina y recoge la botella de vino que había dejado sobre el sillón.
Nuevamente en casa descorcha la botella, sirve una copa y brinda con las plantitas mientras las riega, delicadamente, como lo hacía Lucy
Germán, desde entonces, cada día se levanta quince minutos más temprano y riega con mucho cariño esas plantitas.
Poco a poco su balcón se va llenando de macetas, plantas y flores. Se inscribe a clases de botánica y conoce a una chica llamada Azucena, quien en el futuro será su esposa.
En una salida, Germán le cuenta a Azucena la historia de Lucy. Azucena agradece en una oración a esta mujer y reza por su alma; de no ser por ella jamás habría podido conocer a Germán, el amor de su vida.
La pareja empieza un negocio de flores y poco a poco la ciudad se llena de sus locales, alcanzan incluso fama internacional y son reconocidos por su empeño en el cuidado y la preservación de las distintas especies.
Luego de casados, Azucena queda embarazada. Los doctores les dicen que el hijo que esperan será una niña.
Ambos están de acuerdo en que se llamará Lucy.
Germán está decidido a superar sus nervios y, por primera vez, entablar conversación con Lucy.
Corre las cortinas, abre la puerta de vidrio y, tasa de café en mano, sale a su balcón.
Luego de unos minutos, Lucy hace su aparición; también corre sus cortinas, abre la puerta de vidrio y sale a su balcón. Lleva en sus manos una pequeña regadera con la que delicadamente pone agua a las plantas, su camisón de dormir es corto y deja ver sus largas y torneadas piernas, las que vuelven loco a Germán. Se pone en cuclillas, acomoda su cabello tras su oreja y riega la pequeñita planta que está en el suelo, en una macetita morada.
“Cambia la cara de idiota, se educado y no balbucees”—se dice Germán a sí mismo.
- Buenos días—dice Germán con voz tímida y poco clara.
La distancia que hay entre balcones no es mucha pero, dado el tono bajo de voz que usó Germán, Lucy no entiende bien lo que le quiso decir.
- Disculpa...¿me dijiste algo?
Germán siente como el calor y las tonalidades rojas invaden su rostro.
- Hola, buen día. Te estaba saludando, disculpa si no hablé claro.
- Buen día para ti también,—responde Lucy, sonrientemente—estos son los días buenos, los días de descanso, cuando uno no tiene que ir al trabajo.
- Que coincidencia, hoy también es mi día de descanso.
- ¿A si? Pero te levantaste temprano también.
- ...bueno si, digamos que el horario de sueño ya acostumbró a mi cuerpo a levantarse a la misma hora todos los días. Tu también te levantaste temprano.
- Si. Las plantitas, al igual que la gente con sus horas de comida, también tienen sus horarios. Dadas las distintas funciones que realizan, tienen su momento en el que emanan oxígeno y otro en el que reciclan el CO2, hay un momento para la fotosíntesis y otro para la polinización. Por eso aprovecho las mañanas, cuando recién están despertando, para darles de desayunar, no sería justo estropear sus horarios después de todo el trabajo gratuito que hacen por nosotros.
- Tienes mucha razón, es muy justo lo que haces.
- Si quieres ven a mi casa a la hora de almuerzo y podemos seguir hablando.
- ¿En serio? Me encantaría!
- Entonces te espero en la tarde, como a la una. Ahora tengo que llevar a mi perrita a su salón de belleza. Que estés muy bien.
Lucy abre y cierra su mano varias veces, a modo de despedida, sonríe y entra a su departamento con la mirada puesta todo el tiempo en los ojos de Germán.
A Germán no le cabe la alegría en su cuerpo. Entra corriendo a su departamento y en silencio, no sea que escuchen Lucy y los demás vecinos, salta, aprieta los puños, levanta los brazos y da vueltas, como futbolista cuando festeja un gol. No cree posible que le esté ocurriendo eso.
Luego, cuando vuelve a tierra firme, cree que lo mejor será no llegar con las manos vacías.
Sale de casa y se pasa la mañana buscando, en diferentes tiendas, el perfume más rico. Luego, como a Lucy le gustan las plantas y las flores, decide comprarle una preciosas azucenas que vio en una florería cercana a la tienda donde compró el perfume.
Finalmente compra una botella de un muy rico vino para acompañar la comida.
Minutos antes de la una, Germán ya está parado frente a la puerta de la casa de Lucy, oliendo muy rico y trayendo consigo una botella de vino y un gran ramo de azucenas. Hace una corta oración en su mente y toca el timbre.
Una señora mayor, con lentes oscuros, un tanto despeinada y con semblante decaído abre la puerta. Le extraña la presencia de aquel muchacho que va vestido de esa manera, lo mira de pies a cabeza.
- ¿Se le ofrece algo?
Germán no cree haberse confundido de departamento, además a esa señora no la había visto nunca en su vida, se le hace extraño.
- Buenas tardes busco a Lucy, soy su vecino y habíamos acordado una reunión para almorzar hoy.
- Mi hija me contó algo así, Pasa por favor.
La señora abre la puerta y deja entrar a Germán. Con un movimiento de su mano le indica el sofá y le invita a tomar asiento. Germán está algo confundido, pero sabe que no se equivocó de casa, además la señora ya se había presentado como mamá de Lucy. “Seguramente ella tardará un poco en volver y mandó a su madre a que me atienda por un momento para no dejarme plantado”—pensaba.
- Tengo que contarte algo hijo. ¿Disculpa, cual es tu nombre?
- Germán, señora.
- Es muy difícil, no se como pudo haber pasado—la señora seca, con un pañuelo, las lágrimas por debajo de sus lentes oscuros.
- ¿Sucedió algo malo señora?—Germán comenzaba a inquietarse.
- Hace unas horas, en la mañana, hablé con Lucy. Mi hija me contó que llevaría a la perrita al veterinario ya que, como todos los Lunes, era el día en que la bañaban. Me contó también que el chico que le gustaba, por fin había entablado conversación con ella y que hoy almorzarían juntos. La señorita de la veterinaria me contó que Lucy iba a dejar al animalito un momento mientras ella iría al supermercado. La señorita escuchó el horrible ruido de un auto frenando, un fuerte golpe, a mujeres gritando en la calle y niños llorando. Salió a ver que pasaba y vio a Lucy...—la señora inclina la cabeza y sostiene con una mano su frente.
- Dios mío...dígame que ocurre por favor—los ojos de Germán se llenan de lágrimas.
- El tipo que manejaba estaba borracho, perdió el control del auto y chocó contra un poste de luz después de atropellar a mi hijita...ambos perdieron la vida al instante.
Germán dejó caer las azucenas al piso, soltó la botella sobre el sillón, se puso en pie, miro a la señora, bajó la mirada y salió de la casa. Caminó por el pequeño pasillo hasta que llegó a la puerta de su departamento, entró a su casa, tiró las llaves sobre la mesa, corrió las cortinas, abrió la puerta de vidrio, apoyó los antebrazos en la baranda del balcón y lloró amargamente por largo rato.
Pasadas las horas oyó que tocaron la puerta de su casa. Cuando se acercaba a la puerta vio que por debajo de ella le dejaban una nota. La leyó y había anotada una dirección. Abrió la puerta para ver quien era la persona dejaba el papel y vio a la mamá de Lucy bajar las escaleras que estaban al final del pasillo.
Secó sus lágrimas, lavó su rostro y salió de casa buscando esa dirección.
Cuando dio con el lugar no supo si entrar o no. Afuera de la casa había gente con rostro acongojado y vestida con trajes oscuros. Supuso que era el funeral. Como él estaba vestido con ropa casual, pensó que lo mejor sería no entrar vestido de esa manera. Se estaba dando media vuelta para irse y oyó la voz de la madre de Lucy que le decía que le daba gusto que haya llegado. La señora lo invita a pasar y lo conduce hasta llegar frente al ataúd. Sobre el ataúd están las azucenas que había comprado. La señora saca una flor de aquel ramo y se la entrega a Germán.
- Eran las flores favoritas de mi hija, seguramente en este momento está muy feliz de tenerlas—le dice la señora.
Germán sostiene entre sus manos aquella flor y la queda mirando. La señora pone una mano sobre el hombro de Germán, le da un leve apretón y se retira.
Al día siguiente, luego de asistir al sepelio, Germán regresa a casa. Va a su balcón e imagina a Lucy regando con delicadeza sus plantas.
“¡Las plantas!”—piensa Germán.
Se llena de valor y da un salto desde su balcón hasta el de Lucy. Una por una lleva a su casa las plantas que eran de Lucy. Entra a la casa de quien fue su vecina y recoge la botella de vino que había dejado sobre el sillón.
Nuevamente en casa descorcha la botella, sirve una copa y brinda con las plantitas mientras las riega, delicadamente, como lo hacía Lucy
Germán, desde entonces, cada día se levanta quince minutos más temprano y riega con mucho cariño esas plantitas.
Poco a poco su balcón se va llenando de macetas, plantas y flores. Se inscribe a clases de botánica y conoce a una chica llamada Azucena, quien en el futuro será su esposa.
En una salida, Germán le cuenta a Azucena la historia de Lucy. Azucena agradece en una oración a esta mujer y reza por su alma; de no ser por ella jamás habría podido conocer a Germán, el amor de su vida.
La pareja empieza un negocio de flores y poco a poco la ciudad se llena de sus locales, alcanzan incluso fama internacional y son reconocidos por su empeño en el cuidado y la preservación de las distintas especies.
Luego de casados, Azucena queda embarazada. Los doctores les dicen que el hijo que esperan será una niña.
Ambos están de acuerdo en que se llamará Lucy.

9 comentarios:
muy conmovedor (:
me gustó mucho.
Muy chevere ... alucinante al final ..pero chevere. Te atrapa en las pirmera lineas ....
vaya..
dos puntos importantes:
1. no perder ni un minuto en la vida con arrepentimientos porque puede ser el ultimo
2. y, todas las cosas pasan por algo, por extrañas que sean
tu siempre tan genial Nano
*bxo!
por fin puedo comentarrr!! ahhhh
que le pasaba a blogspot ??
Me encantó el de "farmito" fue lindo poder ayudarle.
Y sobre este post... ufff te pasaste nano!! =) tan gustosamente leíble como siempre
Ya termina ese libro de una vez y me lo regalas autografiado! XD
muchos besos. regalanos mas lindas historias =)
Voy a llorar, pero no sé si de tristeza o de alegría. En fin, cada una a su tiempo.
Que buen final, que historia tan linda. Como siempre es un placer leerte.
Por que el titulo "Lilium" ?
Sigue así, vas por buen camino.
Un abrazo y un aplauso.
Hola:
Muchas gracias a todos por comentar siempre, por su buena onda y por tomarse la molestia de leerme.
yanira: Gracias por frecuentar este sitio, que bueno que te haya gustado (:
raúl: Yo tambien me aluciné con el final, me tomó tres días pensar como acabarlo :P
*luna*: Tienes razón, todo es una sola cosa. Tú eres genial.
fan de nano =): Que bueno verte nuevamente por aquí y gracias por la ayuda con Farmito. Pronto el libro ...shhhh!
alterself: Llora, no importa el motivo, llora si así lo sientes, es malo reprimir sentimientos.
laura: "Lilium" es una palabra en latín que significa lirio (o Azucena). Un abrazo y un aplauso por tu interes en el titulo.
Tambien hay un ahistoria parecida para mi?? Puedes escribir una para leerla todo el dia y mentalizar mi final feliz???
Excelente nanin!! me encanta!
perdon ke aga este komentario
pero lilium es una palabra en latin
ke signifika pureza o puede referirse a blanco o virginidad
n_n
Publicar un comentario en la entrada