viernes 2 de mayo de 2008

23 (segunda parte)


- No puedo dormir.—Me dijo.

Abrí los ojos con mucho esfuerzo para mirar los numeritos rojos del despertador que está en la mesita, al lado de mi lugar en la cama. Eran casi las cuatro de la madrugada.

- ¿Qué pasa?
- No estoy segura, siento algo raro, no hago más que dar vueltas en la cama.

Recordé las primeras noches que pasé cuando recién llegué. Vi en su rostro la misma expresión de incomodidad que yo tenía. Ella siempre se esforzó por hacerme sentir como rey, por que no me falte nada y tenga todo al alcance. Estoy muy agradecido por su desinteresado y confiable amor, por su lealtad, por la tranquilidad que me daba con cada una de sus acciones y por las lecciones que bien he podido aprender de ella. Me enseñó con ejemplo, me hizo entender la forma incondicional del amor y saber que se ama lo bueno y lo malo, que no se puede amar por pedazos. Me enseñó que la palabra “amor” es gigante y que merece mucho respeto, no se le puede utilizar irresponsablemente. Aprendí con ella a salir de mis miserias, superé los engaños y mentiras del pasado, dejé de sentirme pisoteado.

- Tampoco tengo mucho sueño.—le dije— ¿Qué te parece si nos quedamos conversando hasta que nos quedemos dormidos? Así como hicimos cuando nos conocimos. ¿Recuerdas las más de cuarenta y ocho horas que pasamos sin dormir cuando hicimos el voluntariado?
- Si. Tenía miedo de cerrar los ojos y no poder seguir viviendo eso que vivía junto a ti, creo que me contagiaste tu insomnio.
- No, más bien fuiste tu la que me enseñaste a curarlo, eres mi medicina.
- ¿Quedó una botella de vino?
- Sí y los chocolates de pucca. ¿Subo dos copitas?.
- Ya, mostro! No te demores por fa.


No hay palabras para explicar lo que sentí al verla sentarse de un salto en la cama, llena de felicidad. En ese momento la habitación se convirtió en una perfecta obra de arte, viví la aceleración cardiaca mas sobre saltante de toda mi vida: Manitas cruzadas reposando en su vientre, sus piernas abrigadas bajo la sábana, la calidez perfectamente dibujada en su media sonrisa y los ojitos brillándole. Bajé corriendo a subir el vino, las copas y los chocolatines.

Vimos llegar el primer rayo de sol sentados en el piso del balcón, bebiendo las últimas copas. Nos duchamos. Ella me escogió la ropa para ese día y yo hice lo mismo con ella, hasta dejó que la maquille. Bajamos a la cocina, preparamos los huevitos revueltos mañaneros, las tostadas y el café.

- ¿Gordo, por que no llamas de una vez al tipo ese?
- No se. No se que decirle.
- Pregúntale que quiere y ya.


Cogió el teléfono inalámbrico, marcó el número, puso el altavoz y lo dejó apoyado en la mesita de la cocina. Los nervios me entraron cuando oí timbrar el teléfono.

- Aló.—Contestó aquella gruesa voz.
- Buenos días. Ayer usted me habló sobre una logia, en el supermercado y llamaba para...
- ¿Tienes tiempo hoy por la noche?. Me gustaría que asistas a una cena.
- Mmm... a ver un ratito.


Volteé a verla para saber que responderle, me encogí de hombros esperando respuestas. Ella lo pensó unos segundos y me dijo que sí con la cabeza.

- ¿Puedo ir acompañado?.
- ¿Es una persona de confianza?.—
Peguntó el tipo.
- Si, claro, vivo con Ella.
- Perfecto entonces. Apunta la dirección: Granja “V” salida 9, calle 14
- Eso es lejos, es a las afueras de la ciudad.
- Puedo mandar un auto a que los recoja si gusta.
- No, no es necesario, iremos en el nuestro.
- Los espero a las ocho entonces.
- ¿Por quien debo preguntar?

- Solo muestra la tarjeta que tienes y di que tu mesa es la número veintitrés.
- Listo, ahí estaremos. Hasta la noche.
- Adiós.


Sabíamos que todo ello era muy raro, nunca nos mencionó su nombre y nos había invitado a una cena. Lejos de asustarnos, como ya era costumbre nuestra, decidimos correr el riesgo e ir.
El día pasó rápido. Fuimos a que se compre zapatos, por que la mujeres por inercia compran zapatos para los compromisos, regresamos a la casa antes del medio día y nos quedamos dormidos.
Felizmente el gato se subió a la cama y nos despertó cerca de las seis de la tarde, nos dio el tiempo justo para alistarnos. Ella en su lindo vestido color miel y zapatos nuevos, yo con el terno negro y ya estábamos listos para salir a aquella cita incógnita.

La autopista estaba cómoda, fácil de transitar y con poco tráfico. El lugar quedaba lejos de nuestra casa, como a una hora en auto, no fue sencillo dar con la dirección, estaba en un lugar algo solitario, muy calmo, rodeado de bastante vegetación. Tomamos la salida 9 y luego volteamos por la calle 14, que era un camino de tierra, como se nos había indicado.

Al final de un pequeño túnel donde terminaba la calle y flanqueada por cuatro enormes árboles de pino, que eran similares a torreones de vigilancia, nos encontramos con una enorme mansión de tres pisos. Habían otros autos estacionados y para nuestra suerte solo un lugar quedaba vacío en el cual dejamos el nuestro.
Bajamos algo intimidados por la grandeza del lugar. Nos miramos y con un gesto nos dijimos mutuamente que debíamos continuar. Subimos la pequeña escalinata y metros antes de la puerta nos abrió y dio la bienvenida un tipo con fachas de mayordomo. Le di la tarjeta y dije que nuestra mesa era la número veintitrés. Fuimos guiados por un largo pasadizo, lujoso hasta en los detalles mínimos, finamente adornado con lámparas grandes, mesas de bronce con mármol y cuadros de exquisito diseño. Al final del pasadizo una gran puerta de dos alas se abrió de la misma manera como había ocurrido con la puerta de la entrada.
Tras la puerta un majestuoso y amplio salón, en el centro del mismo y formando un circulo estaban las mesas redondas, cada una de ellas con su respectivo número y frente a las mesas un pequeño estrado. Todas las mesas estaban ocupadas por parejas, todos mayores a cuarenta años. Solo quedaba vacía una mesa, la que tenía nuestro número, la veintitrés.
La gente se sorprendió al vernos entrar, no era la típica cara de sorpresa desagradable, más bien fue todo lo contrario, parece que nuestra presencia caía bien.
Ella me tomó la mano muy fuerte. El otro mayordomo, quien nos abrió la puerta del gran salón, nos condujo hasta nuestra mesa mientras nuestros pasos eran seguidos con mirada atenta por la gente del lugar. Los mozos llenaron nuestras copas con champagne.
Buscaba con la mirada al tipo raro de la tarjeta pero no podía ubicarlo. Ella miraba en todas direcciones y no soltaba mi mano.
Las luces del salón se hicieron bajas y se encendieron las del escenario. Se corrió el telón y se pudo apreciar un pequeño atril con un micrófono. Del costado izquierdo salió el tipo a quien ambos esperábamos ver, el mismo de quien yo había recibido las palmaditas en el supermercado y me había dado la tarjetita, el mismo a quien ella había visto cuando íbamos al café y una noche rondando la casa cuando sacaba la basura.
Se paró frente a todos y hablando por el micrófono, con su voz gruesa, dijo:

“Buenas noches a todos, es un placer volverlos a ver. Como ya se habrán dado cuenta esta noche se cierra el circulo, ya no queda vacía ninguna mesa. Hoy, finalmente, la logia está completa”

- A donde hemos venido a parar.—Le dije a Ella.
- Vamos a escuchar a estos locos hablar y luego nos vamos nomás.—Me respondió.

El tipo dirigió su mirada hacia nosotros y continuó hablando:
“La incredulidad fue lo primero que todos tuvimos que vencer. Nadie pudo asimilar de manera sencilla el poder de su número, nadie vio al principio como su destino se dibujaba tras los trazos de nuestras cifras, nuestros ojos no ven más que líneas y curvas en los números, la mente no siempre nos da toda la información.”

- Por favor ven acá adelante para poder presentarte.—dijo dirigiéndose a mi.

Ella me miró, soltó mi mano lentamente y con la cabeza me indicó que vaya. Le hice caso.
La gente se puso de pie y aplaudían mi caminar hacia el pequeño estrado, yo de los nervios abotonaba los botones ya abotonados de mi saco, podía sentir como me iba poniendo colorado de la vergüenza. Subí las cuatro gradas con miedo a caerme y finalmente estuve parado frente a toda esa gente sin saber que rayos hacía ahí.
El tipo me dio la mano a manera de saludo y me invitó a pararme a su costado. Luego continuó hablándole a la gente:
“Ahora le toca a él darse cuenta de que no está aquí en vano. Vamos a ponerle varios ejemplos hasta que entienda que no es coincidencia solamente”

- ¿Te parece si empezamos?.—me dijo el tipo.

La gente aplaudió dándome ánimos. Yo la miré a Ella, me dijo que sí con la cabeza, me transmitió con su mirada tierna que todo estaría bien y me guiñó un ojo.

- Bueno, veamos de que se trata todo esto.—respondí.

CONTINUARÁ.

10 comentarios:

*Luna* dijo...

uuuuuhhh...
verdad o fantasia?
realidad o sueño?
y yo me pase toda la historia mas pendiente de la pareja que de la accion
*bxote !!

fan de nano =) dijo...

"me hizo entender la forma incondicional del amor y saber que se ama lo bueno y lo malo, que no se puede amar por pedazos"
Esa frase esta increible, la voy a tener presente por lo que me queda de vida.
Nano no seas masón!!!
..ahora a esperar la tercera parte.
Besos!!!

Raúl Domínguez dijo...

Que buen relato, mas que de la pareja me concentre en lo que pasa, en lo olcuto, que hay detras de todo .. y lo que dice es cierto, realidad o fantasia? eso es lo bacan de estos relatos .. esperando la tercera parte

Laura dijo...

Vas a tener que darme a probar esos chocolates de Pucca jaja.
Interesante esto de las dos historias dentro de una. Pasas más de 48 horas sin dormir?... vaya!!.
Ojalá alguien tenga un día una aceleración cardiaca al verme.
Nos vemos en la tercera parte.
Muakk.

jerc dijo...

coincido con raúl, lo interesante es saber que pasa luego. Esta tecnica de hacer los post por partes te quedo buena eh Nano. coincido con todos los comentarios esta vez :P
(yo tambien voy a poner que espero con ansias la tercera parte)
ESPERARE LA TRCERA PARTE !!!
:D

SeR-EsA dijo...

Historia genial de una pareja...y el misterio que pica y pica para ver que pasa en el siguiente párrafo!Comienza a gustarme mucho más como escribes...

y no es un cumplido!

Corrieron el riesgo al ir hasta allá...

wow!

Paula dijo...

jaja ya me puse al dia, veremos que podemos dibujar para la tercera parte.
Me quedo la intriga con la historia jajajaja

Beso!

metódica dijo...

ya sabes....procesando....

fan de nano =) dijo...

ya puessss queremos la tercera partee!!
Me mata la curiosidadd !! :(
publica pero ya ya ya ya ya (así como dicen los choletus) xD
sin racismo de por medio :P
Nano no nos dejes colgadoss :(

Fanawen dijo...

No habia leido hace mucho tu blog...
sabes q la U me carcome...
pero sta super la historia... me tienen toda intrigada...

una cosa si... no todas las mujeres compran zapatos x inercia... de hecho YO nunca me compro zapatos..¬¬
esu...
xau!

 
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