Estaba en mi pastito, en mi malecón, veía como pasaban los carros a toda velocidad por la costa verde. Me gusta ver como las luces altas de los carros hacen sombras raras cuando las ramitas de los arbustos coquetean con ellas. Veía a papá Noel, cebras, duchas y otras figuras en las sombras. Un fuerte ruido, que venía de la izquierda, me hizo volver a tierra.Un bulto rodaba, giraba, levantaba polvo y hacía deslizar piedras junto con el mientras caían por la pendiente del acantilado.
Volteé a ver a mi alrededor, para saber si alguien más había visto y escuchado lo mismo que yo, pero no había nadie; solo una señora estaba a unos cincuenta metros de distancia, paseaba a su perro y miraba en todas direcciones.
- Renato!!.. Renato!!.. – gritaba la señora en voz alta, era obvio que llamaba a alguien.
Se empezó a desesperar, caminaba más rápido, veía detrás de cada arbusto, se fue hasta la rampa de skaters, daba vueltas por todo el lugar.
Llevó su vista hacia mi y empezó a caminar mucho más rápido hacia donde yo estaba.
La señora tenía los ojos enormemente abiertos y llorosos, sudaba bastante, le temblaban las manos.
- Disculpa, ¿haz visto a un niñito de cabello castaño y corto?, de seis años, tenía short marrón, polito celeste y sandalias.
- Para nada señora, lo siento... pero hace un rato yo estaba aquí parado y escuche que... – no sabía como decirle que había visto un bulto rodar, no quería pensar – ni hacer que ella piense – que aquello era Renato cayendo por el acantilado.
- ¿Qué escuchaste?!
- No pretendo alarmarle señora, (solo a mí se me podía ocurrir esa frase, ¿como no se iba a alarmar la señora?) pero...
- ¿Pero que hijo?! Dime, por Dios!
- Hace un momento algo cayó por ahí.
La señora volteó a ver el sitio que le señalé, volteo de nuevo a verme, su cara estaba llena de terror, se puso pálida, tapó su boca con una mano, se le desorbitó la vista, sus ojos se llenaron de lagrimas, una de ellas rodó todo lo largo de su mejilla.
- No puede ser, no me digas eso. – Me lo dijo con voz cortada, desahuciada, moviendo la cabeza en forma negativa.
Dio la vuelta, soltó la cadena del perro y corrió hacia el borde del acantilado.
Daba gritos sumamente desesperados, llenos de pavor, sumergida en llanto: Renato! Renato! – llamaba al chico.
Yo no sabía que hacer. ¿Dónde había quedado el “Nano súper héroe” que resuelve todos los problemas y que está dispuesto a sacrificase por medio mundo?. Solo atiné a correr al lado de la señora y llevar mi vista cegatona hacia el oscuro acantilado.
- Renato!, Renato!... por Dios mi hijo!, Renato!.
Yo también estaba casi desesperado, saqué el celular, marcaba el 116, – número de emergencia de la policía – se me cayó el celular, lo recogí, volví a marcar.
- Renato!, hijo!... ¿Por qué?!.. Renato! ... ¿hijo donde estás?!
- Aquí ma. Toma, aquí está tu helado y tu vuelto.
La señora y yo volteamos.
El estaba ahí paradito, lamiendo su heladito de hielo color naranja, con una mano estirada, dándole a la señora su helado y vuelto, en la otra mano iba sujetando al perro con la cadena que la señora había soltado
La señora lo cargó, lo abrazó, y continuó llorando, pero esta vez lo hacía de alegría.
- ¿Dónde te metiste niño?, casi me muero del susto. – Preguntó sollozando la señora.
- ¿No te acuerdas que te pedí permiso para ir a comprar mi helado cuando tu estabas hablando por celular?. Yo te pregunté si querías uno, me dijiste que sí con la cabeza y con tu mano me hiciste el gesto de que me vaya.
La mamá se quedó mirando al vacío, como recordando, reconociendo su error. Me miró avergonzadísima, con la cara totalmente roja, bajó la vista y se marchó cargando al niño y jaloneando al perro con la cadena.
De regreso a casa recordé la frase de una película:
“Los niños no se pierden, es la gente la que los pierde”.
Ví, en las noticias de la tele, que defensa civil recomienda a los conductores que transitan la costa verde, que tengan cuidado, pues es época de desprendimientos de grandes piedras, que caen por el acantilado y que podrían causar accidentes de transito.
Me sentí mega idiota.

5 comentarios:
A mi me da miedo ir por la costa verde :s
siempre me peleo con los taxistas para que no bajen por ahí, prefiero ir por arriba xD.
Me asustaste, pense que se había caido el chiquito.
Cada vez hay más domesticas qu se encargan de cuidar a los niños...
y donde queda el papel de mamá ?
no se les presta atención aveces, es cierto.
Buena historia mi nanito.
.. me hizo reflexionar jajaja.
Muacks!!!
fue suspenso, comicidad o ironía?
no se olvidó del perro la vieja por que lo tenía agarrando de la cadena, pero el celular fue más importante que el hijo.
Me dieron ganas de ir a traer a mi hermanito del cole :p.
Y tu nano, ten cuidado con ese acantilado :)
Por eso los padres se quejan tanto de lo que ven sus hijos en la tele, ya que ella termina convirtiendose en la niñera.
Un poco más de responsabilidad de los padres, esa frase de la peli que recordaste es muy cierta.
Beso.
no fuiste un mega idiota
solo fuiste Nano (ni "muy" ni "naah")
BXO !
de donde es esa foto??
que mala madre esa señora! y lo peor que no es la única, se concentran tanto con el celular y su trabajo (o en otras tonterias) que se olvidan que sus hijos son lo mas importantes para ellos y no les prestan atención cuando les dicen que "van a comprar helado". Por suerte al niño no le paso nada, está claro que es mas atento que ella.
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